Boston Asset Manager

Prensa · 24 de julio de 2026

El índice de riesgo VIX vs La realidad del mercado

La evolución de los mercados financieros durante las últimas décadas evidencia una transformación estructural en la dinámica del riesgo.

La evolución de los mercados financieros durante las últimas décadas evidencia una transformación estructural en la dinámica del riesgo. Si bien los niveles promedio de volatilidad no presentan un incremento sustancial respecto de otros períodos históricos, la frecuencia e intensidad de los episodios de inestabilidad se han incrementado de manera significativa. Este fenómeno modifica las condiciones bajo las cuales los inversores diseñan sus estrategias y exige una revisión de los enfoques tradicionales de administración de carteras.

Para evaluar esta tendencia resulta útil analizar el comportamiento del índice VIX (Chicago Board Volatility Index), ampliamente utilizado como referencia de la volatilidad esperada del mercado estadounidense. En la actualidad, el indicador registra un nivel similar al observado en agosto de 2021. Sin embargo, una comparación basada únicamente en el valor puntual del índice puede conducir a conclusiones incompletas. Durante los últimos cinco años se identifican siete episodios en los que el VIX duplicó, triplicó e incluso cuadruplicó su nivel actual antes de retornar a valores inferiores. En términos estadísticos, ello representa un promedio de 1,4 eventos de elevada volatilidad por año, reflejando una recurrencia considerablemente superior a la registrada en períodos anteriores.

La comparación histórica refuerza esta conclusión. En el quinquenio previo se observaron únicamente cinco eventos en los que el índice alcanzó al menos el doble de su valor de referencia, equivalente a un promedio cercano a un episodio anual. Si el horizonte temporal se amplía al período comprendido entre 1990 y 2010, la frecuencia disminuye hasta aproximadamente 0,45 eventos por año, es decir, un episodio de volatilidad extrema cada dos años. Estos resultados permiten inferir que el cambio más relevante no reside en el nivel promedio del indicador, sino en la creciente repetición de shocks de mercado.

Desde una perspectiva financiera, esta evidencia sugiere que los mercados han evolucionado hacia un entorno caracterizado por una mayor inestabilidad estructural. La reiteración de episodios de elevada volatilidad incrementa la incertidumbre sobre el desempeño futuro de los activos, dificulta la identificación de inversiones con ventajas competitivas sostenibles y eleva la exposición al riesgo de las estrategias de largo plazo. En consecuencia, el análisis de la volatilidad no debería limitarse al valor absoluto del VIX, sino incorporar también la frecuencia con la que se producen sus variaciones extremas.

En este contexto, la inversión pasiva representada por el índice S&P 500 continúa constituyendo una alternativa válida para horizontes temporales extensos, especialmente aquellos superiores a treinta años. No obstante, la mayor recurrencia de episodios de volatilidad plantea interrogantes acerca de la conveniencia de mantener inalterada la estrategia clásica de *Buy and Hold*. Si bien la conservación indefinida de un mismo conjunto de activos resultó efectiva en entornos donde los cambios estructurales eran menos frecuentes, las condiciones actuales favorecen esquemas de administración más dinámicos, capaces de adaptar la composición de la cartera frente a modificaciones en los fundamentos económicos y financieros de las compañías.

Es importante destacar que una gestión activa no implica necesariamente una elevada frecuencia de operaciones. Una rotación excesiva puede incrementar los costos de transacción y favorecer la toma de decisiones influenciadas por movimientos de corto plazo, sin traducirse necesariamente en una reducción del riesgo. Por el contrario, una revisión periódica con frecuencia anual puede mejorar la eficiencia de la cartera al permitir reemplazar activos con rendimientos persistentemente inferiores al promedio del mercado por otros con mayores probabilidades de superar el desempeño del S&P 500. En este sentido, la administración activa debe entenderse como un proceso sistemático de evaluación y reasignación del capital, más que como una estrategia de negociación permanente.

Otro aspecto relevante en escenarios de elevada incertidumbre es la administración de la liquidez. Mantener una proporción del patrimonio en efectivo representa simultáneamente un mecanismo de mitigación del riesgo y una fuente de flexibilidad para aprovechar oportunidades de inversión cuando determinados activos cotizan por debajo de su valor razonable. Sin embargo, numerosos inversores manifiestan una marcada resistencia a conservar posiciones líquidas debido a la percepción de que el capital no invertido implica una pérdida de rentabilidad potencial. Este comportamiento suele estar asociado al denominado *Fear of Missing Oportunities* (FOMO), un sesgo conductual que incentiva la inversión inmediata por temor a quedar excluido de futuras subas del mercado, aun cuando las condiciones de valuación no resulten favorables.

En definitiva, la evidencia histórica indica que la gestión del riesgo en los mercados financieros contemporáneos requiere un enfoque diferente al que predominó durante gran parte del siglo pasado. Aunque no existe una metodología capaz de eliminar completamente la volatilidad ni de garantizar resultados consistentes, la combinación de disciplina, horizonte temporal, paciencia y una estrategia de administración activa incrementa la probabilidad de construir un portafolio robusto. A diferencia de décadas anteriores, la preservación del rendimiento ajustado por riesgo depende cada vez más de la capacidad del inversor para adaptar periódicamente la composición de sus activos frente a un entorno caracterizado por cambios más frecuentes y episodios recurrentes de inestabilidad.

Antes de invertir siempre es recomendable consultar a tu asesor financiero.

Este informe fue elaborado por Boston Asset Manager con fines informativos. La información aquí contenida no constituye una oferta ni una recomendación de compra o venta de ningún activo financiero. Rentabilidades pasadas no garantizan resultados futuros.